domingo, 24 de abril de 2011

¿Sabes que…?

¿Sabes que tengo un secreto?
Uno muy pequeño que guardo debajo de la almohada.
Está encerrado en un saquito de terciopelo rojo y atado con un lazo dorado.
Allí dentro guardo todas las promesas que no cumpliste, todos los “te quiero” que me dijiste, todas las sonrisas que me dedicaste.
Me gusta tenerlo ahí, me ayuda a conciliar el sueño por las noches porque huele a ti, con el estoy segura de que soñaré contigo. Por las noches lo abro y el aire se llena de vainilla con chocolate, es entonces cuando suenan en el reloj las doce y… no pasa nada, 1,2,3 segundos, y sigo en mi cuarto con mi secreto entre las manos y tu presencia en el aire, 10,11, 12 segundos y recuerdo cada momento, cada canción, cada sonrisa, cada mirada,  19, 20, 21 segundos, sonrío y me digo a mí misma que la princesa que hay dentro de mí no va a salir, porque no tiene una carroza que la lleve a un baile y no tiene a un príncipe con el que bailar, 30,31, 32 segundos y empiezo a guardar las promesas y los recuerdos dentro de mi secreto, los ato fuertemente para que no salgan corriendo a buscarte, 43,44,45 segundos, los guardo debajo de la almohada para que estén ahí, cuando mañana a las doce menos 1 minuto los vuelva a sacar para volver a amarte  57, 58, 59 segundos y estoy lista para volver a verte.

domingo, 23 de enero de 2011

Pasado.

Me levanto y no estás, te busco y no te encuentro, te encuentro y te esfumas.

Y en el pasillo oigo tus pasos, en la cama oigo tu risa, en la cocina huelo a café,
tus besos se desvanecen en la niebla matutina.
Que nos tachen de locos por querernos, de paranoicos por amarnos ¿qué nos importa?
Nos esconderemos bajo las sábanas, donde crearemos un mundo, nuestro mundo,
estaremos a salvo de la oscuridad, de sombras, y de monstruos.
Prefiero ser una loco junto a ti, que una persona cuerda sola. Bailamos hasta el amanecer
y nos besamos hasta la puesta de sol, y en la noche, cuando todos duermen, bajamos a la
calle, y gritamos al mundo entero nuestro amor.

Pero ahora me levanto y en el pasillo no oigo tus pasos, la cama está vacía de risas, en la
cocina no huelo a café, y tus besos no se desvanecen en la niebla porque nunca han estado ahi.
No tengo a nadie con quien compartir mi locura, el mundo que habíamos creado se está derrumbando,
las sábanas en donde solíamos refugiarnos ya no me parecen tan seguras.

Compro flores, tus favoritas, y las dejo delicadamente sobre la fría lápida, que, en letras de plata, lleva
escrito tu nombre, llueve, y la lluvia se lleva mis lágrimas, igual que tú te llevaste mi felicidad.


Atte. White Crow